"La pedagogía muestra los fines de la educación, la psicología, el camino, los medios y los obstáculos".
Juan Federico Herbart.
Aportes a la educación:
Herbart formuló ciertas distinciones y reglas didácticas que han corrido con una fortuna acaso superior a su mérito. Por ejemplo, la educación no se basa sólo en la instrucción, sino también en el gobierno y la disciplina.
Una serie de aportes contribuyeron a la definición de la psicología de la educación, entre ellos tenemos: El estudio de las diferencias individuales, la psicometría, la psicología evolutiva y el interés por el aprendizaje y la alfabetización. Realizó aportes de carácter finalista importantes para la educación como es el Concepto cardinal de la instrucción." No es un medio de aprendizaje, sino más bien el fin de éste; una educación digna del nombre es aquella que promueve ricos y profundos intereses más bien que conocimientos específicos: "El interés debe hacer nacer de sí otro interés; lo aprendido se disipará, pero el interés persistirá por toda la vida."
La Pedagogía Social según la visión de Paul Natorp.
Según Paul Natorp, “La Pedagogía Social no puede verse separada de la teoría educación, antecedida o seguida por una pedagogía individual; hay que verla como la comprensión correcta de un problema de la pedagogía en general y en particular la pedagogía de la voluntad”. Para él la comunidad se convierte en el punto clave para la educación. Toda actividad educadora se realiza sobre la base de la comunidad ya que el individuo aislado, es una abstracción. Dentro de la pedagogía social hay cohesión y diversidad, como un concepto clave para llevar a cabo el desarrollo teórico y epistemológico de la ciencia.
Friedrich E. D. Schleiermacher como pedagogo.
Es uno de los creadores de la Hermenéutica, de la que afirma tiene un poderoso motivo para unir lo especulativo con lo empírico y con lo histórico. Schleiermacher concibe que el mundo está constituido por opuestos que, en modo dialéctico, deben reconciliarse hasta alcanzar el Sumo Bien, por lo que es obligación del ser humano colaborar en este proceso, que es el contenido de la ética. El fin último de la educación es enseñar la necesidad de trabajar para reconciliar los opuestos que existen tanto en el mundo como en el mismo proceso educativo.
Wilhelm Dilthey.
La filosofía de Dilthey sobre la vida simboliza la búsqueda de la certeza, cuyo objetivo principal es la seguridad práctica de la acción humana dentro de la sociedad. Por ello, la filosofía representa un instrumento teórico que sirve como guía a la acción social del hombre o, en otras palabras, a la actividad pedagógica de la anterior generación sobre la nueva. La educación es el propósito principal de la filosofía, por lo tanto sólo especulamos para actuar. La filosofía de Dilthey sobre la vida corresponde en este sentido con la teoría de la educación humana.
Docente: Debe de tener una formación pedagógica, basada en la psicología y en la lógica, de toda la persona, al igual que un conocimiento científico de la materia que quiere enseñar.
Al igual el educador debe de conocer las disposiciones o aptitudes individuales del alumno y darle conciencia de ellas, debe de proseguir con la cultura del alumno para su adaptación profesional
HERMANN NOHL: EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA.
Nohl circunscribe la educación al campo de la espiritualidad, haciendo de ella una cuestión trascendente, convirtiéndola en el instrumento para el logro de los objetivos espiritualistas que los sujetos y las comunidades han de conseguir. Por otra parte, Nohl, aún reivindicando la necesaria autonomía de la pedagogía, no la acerca al plano de la objetividad (realidad, ciencia), sino que la encierra en el plano de la subjetividad (idealidad, arte), reduciéndola a una antropología pedagógica apoyada en la filosofía hermenéutica, la psicología comprensiva y la historia de la educación, consiguiendo, a lo sumo, una autonomía relativamente funcional de la teoría educativa. Es necesario aclarar, sin embargo, que Nohl, como consecuencia de las circunstancias coyunturales de necesidad social en las que se movía la Alemania del momento (1920-1933), no pudo elaborar una concepción sistemática de la pedagogía social que la dotara de estatus científico. Nohl se dedicó a los problemas prácticos de la pedagogía social, estableciendo principios de intervención socioeducativa en y desde la realidad de los sujetos y de las condiciones materiales de la relación educativa, definiendo los procesos metodológicos a seguir para tales fines. Aunque la pedagogía social es una parte de la pedagogía general, a diferencia de esta, no se aleja de la realidad material social, sino que se atiene, sin obviar los fundamentos espiritualistas, a los problemas prácticos y reales de la tarea educadora social.
Wilhelm Flitner.
Flitner se propuso reelaborar el cuerpo epistemológico de la pedagogía, siguiendo la tradición racionalista neokantiana, propia de la primera mitad del siglo XX.
La educación es una actividad espiritual y la pedagogía es una de las ciencias pragmáticas del espíritu, cuyo objeto es la comprensión hermenéutica de la educación en su contexto histórico y cultural.
Flitner acabó confundiendo los campos propios de la Teoría de la Educación con los de la Filosofía de la Educación. Ambos campos, aunque igualmente lícitos, son diferentes. La Filosofía de la Educación no debe sustituir a los estudios teóricos sobre la educación, los cuales corresponden a la Teoría de la Educación.
Theodor Adorno.
Para Adorno resultaba incomprensible la escasa importancia que la educación le había prestado a un acontecimiento tan insoslayable para la especie humana, para su historia, su presente y su provenir; sobre todo, cuando las tendencias sociales que provocaron la caída en la barbarie continuaban tan fuertes como entonces.
Cuando Theodor Adorno se refería a educar después de Auschwitz, tenía en mente dos cuestiones: una, comenzar desde la primera infancia; la otra, llevar adelante una “ilustración en general llamada a crear un clima espiritual, cultural y social que no permita una repetición”. Adorno, siguiendo la línea de pensamiento inaugurada junto a Max Horkheimer en Dialéctica del Iluminismo, consideraba que la barbarie no había sido una desviación de la tendencia general del progreso “supuestamente en marcha”, por el contrario, era “la expresión de una tendencia social extraordinariamente poderosa”. Tan poderosa, que la posibilidad de cambiar sus presupuestos sociales y políticos era muy limitada y sólo se podía, por el momento, trabajar sobre “las psicología de las personas”, su subjetividad. Para Adorno, la lucha contra esa subjetividad que produjo y se desplegó en Auschwitz, debía comenzar por un combate contra la parte insensible del carácter humano: “Las personas tienen que ser disuadidas de golpear hacia fuera sin reflexionar sobre sí mismas”.







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